Estanislao Bachrach, experto en Biología Molecular (UBA) es un cultor de la lógica hiperactiva sobre el funcionamiento del cerebro, una materia en boga en el ámbito de los Recursos Humanos. Por qué cuesta sentarse a trabajar cuando algo requiere de una concentración especial; cómo combatir el estrés; qué define a una persona inteligente; cuál es el plan más eficiente para manejar la propia energía. Aquí los conceptos principales:

  • Dos tercios de los empleados la pasan mal y no están involucrados con su trabajo, según varios estudios internacionales. Hay que trabajar mucho sobre esto.
  • Hoy podemos entender cómo es un cerebro funcionando en el día a día laboral: cuándo gasta más o menos energía, cuándo se distrae y por qué, cuánta información puede contener sin que la olvidemos, cómo es un día eficiente.
  • La diferencia la hace la gente a través de sus ideas, ya que la tecnología es muy parecida en todos lados. La creatividad es un área del cerebro que está definida.
  • Lo más sencillo es pensar las actividades según su gasto de energía: empezar por lo más importante al comienzo del día, que es cuando tenemos más energía.
  • Uno de los mayores problemas de las organizaciones son los jefes. Es el motivo número uno del mundo del me quiero ir de la empresa. El salario es el número cuatro o cinco. Una de las grandes problemáticas con el jefe es que a él le fue bien por una forma de trabajar en particular, la suya.
  • Hay curvas medidas según dos neurotransmisores que marcan la eficiencia del cerebro. Quizás una persona necesita más de estos neurotransmisores que otra. Uno necesita más presión para trabajar bien, otro no tanto. El jefe no debe tratar a todos por igual, sino sacar lo mejor de cada uno.
  • El tiempo estipulado para trabajar con concentración es de unos 20 minutos a media hora; después te tomás un recreo. Lo más importante no es cuánto tiempo se trabaja, sino que ese tiempo sea eficiente, sin distracciones y al ritmo de cada uno.
  • Cuando la gente dice “estoy estresada” es porque puso más problemas o proyectos o desafíos de los que literalmente entran en un lugar del cerebro llamado “cortex” que es una parte muy pequeña que usamos para trabajar -que nos hace diferentes de los animales- y no da abasto. Ahí es donde se suceden los olvidos o las resoluciones erróneas. Para resolver esto se deben plantear no más de cuatro desafíos por semana. La prioridad es priorizar. Cuando todo es urgente e importante el cerebro se planta.
  • Cuando algo va bien, no se prueba algo mejor.
  • Al llegar a la propia casa lo hacemos con poca cantidad de energía, la que les queda para la familia. Uno de los grandes cambios que se pueden implementar para que eso no pase es hacer un descanso entre la vuelta a casa y la interacción con los hijos. or ejemplo volver a casa caminando, o caminar media hora antes de entrar.
  • El 95% de las decisiones que tomamos todos los días son emocionales. Cuando una persona de RR.HH. dice incorporé a esta persona porque tenía un currículum excelente, parece una decisión racional; sin embargo pasaron otras cosas a la hora de la decisión que fueron emocionales. Desarrollar la inteligencia emocional significa conocerse. Para eso hay un montón de disciplinas: psicoanálisis, coaching, cura, rabino, meditación, un libro, un mejor amigo… Cuanto más te conocés, más eficientemente vas a accionar.
  • El postulado de que “las personas no cambian” es una absoluta mentira. Una persona inteligente es alguien que hace lo que le gusta y lo hace bien. El talento es una vida equilibrada entre el trabajo y la vida fuera del trabajo. No hace falta decidir ahora, se puede cambiar a cualquier edad. Naturalmente eso implica trabajo, esfuerzo, dolor, que después se ve recompensado con el hecho de hacer lo que te gusta.
  • Creo fervientemente en tres palabras. Una es juego, que lo que hagamos tenga algo lúdico. Otra es pasión, algo tenés que tener que te apasione. Como padres no hay que coartar la pasión en los hijos, aunque sea juntar estampillas. Muchas veces pensamos para qué le sirve esto, tendría que estar estudiando inglés, pero justamente ahí puede estar la clave de su futura felicidad. Y la última palabra propósito, aquel con el que se hacen las cosas, un sentido un poco más noble, que mire hacia los demás, que sea una contribución.